La Tracción a Caballo en la Ciudad

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La Tracción a Caballo en la Ciudad
Por Graciela Vecchiato de Luzny


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"Si el perro es el mejor amigo del hombre, al caballo bien se lo podría definir como el mejor esclavo del hombre. Durante milenios los caballos han sido ensillados, montados, espoleados y castigados. Han sido conducidos sin piedad sangrientos campos de batalla donde fueron mutilados y destrozados.
Durante centenares de años han tenido que arrastrar pesadas cargas al servicio de la ambición humana para ser premiados en la vejez con un viaje al matadero.
La interminable explotación del caballo por el hombre se ha debido al sorprendente deseo del animal de colaborar con sus compañeros humanos y de hacer todo lo posible por complacernos...Al caballo le ha sido muy caro ser generoso." (del libro "Guía para comprender a los caballos" de Desmond Morris, editorial Emecé.)

Esta situación del caballo no ha perdido vigencia en las calles de nuestra ciudad, donde cotidianamente vemos animales tirando carros en estado deplorable y donde se viola explícitamente la Ley Nacional de Protección al Animal, 14.346, hoy en plena vigencia.

Para la mayoría de los vecinos esto lamentablemente pasa inadvertido, ya sea por desinterés, por ignorancia o por impiedad.

Pero dado que estamos tratando este tema, es sumamente útil saber por qué un caballo sufre atado a un carro trabajando por la calle, y dejar de suponer que un animal como éste es capaz de aguantarse todo.

Basta detenerse a observar por sólo unos minutos los carros de los cartoneros y/o vendedores ambulantes, para comprobar que estos desgraciados animales siempre sufren de alguna de las situaciones que detallaremos a continuación:

En base a la bibliografía antes mencionada y observando la realidad podremos destacar lo siguiente:

Estado general del animal

La mayoría de estos animales se encuentra extremadamente flacos ya que la relación entre el alimento que debieran recibir y las horas de trabajo es totalmente desproporcionada o inexistente. Estos animales viven en las zonas humildes de la ciudad y no disponen de un campo apropiado para pastar. Se los puede ver en las veredas tratando de aprovechar la basura de las verdulerías y los pocos lugares donde crece el pasto. Durante el trabajo toman agua de las zanjas cuando las hay. Se conocen casos de animales (ocasionalmente salen por los medios de comunicación) que caen desfallecidos en plena calle debido a su debilidad.

Estado de los arreos

Es interesante ver cómo la imaginación humana hace que un caballo arrastre un carro prescindiendo de los arreos adecuados para no lastimarlo.
Por el contrario se usan alambres, trapos, sogas y cables para sujetar los cueros rotos. Por lo que al animal provocan úlceras, peladuras y heridas y consecuentes infecciones.

Boca
Se ven animales que sangran o largan espuma.
Esto es debido un freno mal puesto, tirante o improvisado. El freno es una barra de hierro macizo, que muchas veces tiene una horquilla (puente), el cual, al estar las riendas están tirantes o mal puestas, se clavan en el paladar ocasionando dolor.
La espuma se debe también al estrés y a la sed.

Cabezada
En general está mal puesta y presiona las fosas nasales, con lo cual el animal no puede respirar bien.

Anteojeras
Suelen estar curvadas hacia adentro, de modo tal que, si de por sí no son recomendables porque el caballo ve la mitad de las cosas, con esta curvatura prácticamente trabaja a ciegas.

Sombrero o gorro
Si bien el caballo es un animal acostumbrado al aire libre, en los meses de verano, cuando los rayos solares son fuertes, se lo puede ver en el campo al reparo de la sombra de los árboles. Por supuesto que en la ciudad, atado a un carro, es imposible que se pueda defender de la insolación.

Por lo tanto, en la cabezada, en la parte del testuz, se hace necesario un gorro adecuado a su anatomía que deja las orejas libres para que el animal pueda moverlas a voluntad.

La baticola
Es llevada muy ajustada y no puede movilizar bien los cuartos traseros, provocando peladuras.

Heridas, golpes y deformaciones en las patas

Los entendidos en estos temas afirman que "sin patas, no hay caballo".
Un caballo como los que vemos tirando de los carros pesa entre 350 y 450 kg.

La mayoría de este peso está sostenido por sus delgadas patas. Estas son por lo tanto extremadamente fuertes debido a la perfecta combinación de músculos y tendones que poseen. Por eso una mínima falla en la delicada mecánica de sus extremidades implica a la corta o a la larga, el deterioro del animal, pasando antes por dolorosos procesos que terminan en renguera o manquera. Es muy común ver animales mancos tirando carros de cartoneros.

Herraduras
Cuando un caballo arrastra silenciosamente un carro por el asfalto, seguramente no tiene herraduras. O bien faltan en algunas de sus patas. El caballo en este estado puede derivar en una grave infección, debido a que la pezuña se desgasta con el asfalto y se parte: el vaso se agrieta y se abre hasta llegar a la carne que está dentro del vaso y por consiguiente se infecta, obviamente con un insoportable dolor.

Pero ante el dolor los caballos no gritan, sino que hacen señales con su cuerpo: levantan la pata herida o, ante el acoso del látigo, se las arreglan como pueden y siguen trabajando hasta que desfallecen. Además estando sin herraduras, las piedras se incrustan en la palma del vaso, (donde no existe la pezuña) provocando heridas cortantes.

Estado del carro

Así como con los arreos, cualquier cosa sirve para improvisar un carro: ya no se ven sulkys con grandes ruedas de madera, sino carcazas de autos viejos con ruedas de goma. Esto de por sí ya es pesado de arrastrar, es decir que no es un vehículo apropiado para que lo arrastre un animal.

Muchas veces el tamaño del carro no está relacionado con el tamaño del caballo que lo arrastra: para muchos, un caballo pequeño, tipo pony, atado a un carro para un caballo grande, es más económico porque un caballo chico come mucho menos que uno grande y la carga sigue siendo la misma.

Megáfono
Podemos ver carros de vendedores ambulantes por nuestras calles que se valen de un megáfono para promocionar su venta. Probablemente el caballo esté en buenas condiciones generales, pero es maltratado con los ruidos:
El caballo percibe sonidos inaudibles para nosotros (sienten antes que nosotros un terremoto). Su oído es extremadamente sensible: mientras que los humanos percibimos sonidos de alrededor de 20.000 ciclos por segundo, los caballos perciben sonidos de hasta 25.000. Además sus orejas pueden rotar 180 grados, apuntando con precisión hacia el lugar desde donde proviene el sonido. Pero para un caballo atado a un carro con un megáfono a todo volumen detrás de él, es imposible liberarse de este tormento continuo.

Conductores y maltrato

Se suele ver que en medio de avenidas, repletas de tránsito, los carros son conducidos por menores de edad: niños. La ley no entrega licencia de conducir vehículos motores a los niños, así éstos provengan de familias indigentes que los mandan a trabajar.
No se entiende por qué pueden hacer lo mismo con vehículos a tracción a sangre.

En la mayoría de los municipios, la tracción a sangre está prohibida, pero si esta ordenanza existe, obviamente no se cumple en la realidad.

En este binomio carro-animal hay dos tipos de víctimas: los conductores, víctimas de la ignorancia y de la pobreza, y los caballos, víctimas de los anteriores y de las leyes que no existen, no se cumplen o no se hacen cumplir.

Otras víctimas potenciales son los demás transeúntes o conductores en el resto del tránsito, ante cualquier accidente provocado por un carro. Muchos cartoneros están borrachos, o drogados. No tienen responsabilidad alguna sobre lo que conducen. Y cuando no están en este estado, tampoco tienen gran responsabilidad ante el animal que conducen: porque el caballo pudo ser alquilado. Y su razonamiento es obvio: "Al caballo lo alquilé, en definitiva no es mío. Si no come, no toma agua, o se accidenta, no es mi problema. Es problema del tropero que me lo alquiló. Y si no quiere trabajar, lo reviento a palos porque yo pagué para que trabaje."

Medio ambiente

Por naturaleza el caballo es un animal de presa. Trae en su sangre la memoria genética de escapar para vivir. Para esto la relación con su medio ambiente es de extrema importancia. Un papel que vuela por la calle puede asustar a un caballo porque el animal cree que puede ser una fiera que está al acecho o salta sobre él. Por eso les cuesta mucho adaptarse a los ruidos y movimientos de la ciudad.

También los olores son importantes: con el olfato percibe la presencia de las fieras o las de sus congéneres. De poco les sirve en la ciudad el smog de los coches, el humo de los cigarrillos, etc.

A fuerza de paciencia y mayormente de castigos, un caballo se va acostumbrando a todo esto, pero se deteriorará irremediablemente.

En honor a la verdad, un caballo no está hecho para transitar en medio de la Avenidas Pavón, Alsina, Espora, Mitre, etc. a principios del siglo XXI.

En síntesis, un caballo no está ajeno al medio ambiente que lo rodea porque por naturaleza depende del conocimiento del mismo para sobrevivir.

Cuando veamos un caballo sujeto a un carro, con la cabeza baja, inmóvil de cansancio, como ausente y presa de la resignación, debemos tener en cuenta que no siempre estuvo así. Que este estado es fruto del maltrato de todos: desde el que lo alquila y/o lo conduce, pasando por los que lo ignoran hasta las autoridades municipales que permiten que estos animales existan en esta situación.

Graciela Vecchiato de Luzny


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